Estudios como los de Willet (1988), Chafe y Nichols (1986), Bermúdez (2005), etc. han hecho aportaciones relevantes en este campo de la evidencialidad, generando discusiones y descripciones sobre la evidencialidad en el contexto pragmático discursivo. En las diversas lenguas del mundo, la fuente de la información está codificada morfológica, léxica o fonológicamente. En el caso de la quechua, el sistema evidencial está formalizado a través de sufijos verbales y los denominados independientes que muchos lingüistas no los han descrito adecuadamente su función pragmática. En la presente investigación, nos limitamos a abordar tres sufijos de la variedad del quechua boliviano, a saber: -min, -puni, -sina y -cha, cuya función prototípica es marcar la fuente de la información del mensaje transmitido por el emisor. El primer sufijo se emplea en el enunciado, cuando el emisor ha presenciado un evento; el hablante transmite una información de primera mano; el segundo sufijo también se utiliza, cuando el emisor ha sido testigo presencial de un evento, además, el emisor señala otros detalles del evento que se llevó a cabo; la tercera forma marca la evidencia indirecta dubitada, que denota una información no vista en su plenitud por el emisor; la información que el hablante proporciona es a partir de ciertas evidencias observadas en un evento. Finalmente, el hablante emplea el último sufijo en un enunciado, cuando tiene ciertas evidencias observables, después de que se ha llevado a cabo el evento al que hace referencia, constituyéndose para el emisor como evidencias para transmitir la información.
|