En su Instrucción de la lengua latina, publicada en Lima en 1759, Esteban de Orellana enumera las diferentes razones por las cuales él considera necesario una reforma del método de instrucción del latín en las escuelas. Al proponer sus reformas, Orellana nos permite también leer entre las líneas y nos ayuda a reconstruir cómo era la educación colonial, señalando los esfuerzos y las frustraciones tanto de los alumnos como de los profesores. Orellana critica los métodos autoritarios que se usaban en las salas de clase, los cuales no eran conducentes al aprendizaje, ya que desmoralizaban y frustraban a los estudiantes. Orellana propone un cambio cualitativo de los métodos tradicionales, es decir, no atiborrar al estudiante con reglas gramaticales abstractas sino enfocarse en la traducción con pocas reglas y tener más paciencia y comprensión hacia el estudiante. Asimismo, Orellana arguye que una buena formación lingüística del pedagogo es clave para incitar al estudiante a la comprensión de lectura de textos latinos y una óptima producción textual tanto en la lengua materna—en este caso el español—como la segunda lengua, el latín.
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