Una de las discusiones más frecuentes es la relación entre historia, o los acontecimientos del pasado de una comunidad, y su forma de representación en la literatura. En este trabajo se asume que toda obra literaria es histórica y que lo discutible es ¿Qué tan simbólica y mediada se encuentra esa realidad? El autor, al escribir, está interpretando de acuerdo con sus imaginarios del mundo, que de paso, constituye una valoración desde su perspectiva.
Nuestro objetivo, en esta investigación, es sustentar la tesis de que las obras literarias, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y Ursúa de William Ospina, ambos colombianos, son el reclamo de una nueva mirada para nuestra América Latina; mirada que corresponda a nuestra condición histórica y cultural, nunca igual a la mirada de lo europeo. En esa nueva mirada, reclamada, desde la propia condición latinoamericana, confluyen diferentes voces filosóficas, históricas y literarias, en la escritura de la voz significante que constituye la obra literaria respectiva.
Este trabajo es uno de los resultados de una investigación sobre la literatura y violencia que se ha venido realizando con estudiantes de la Maestrías en Literatura de la Universidad Santo Tomás y del Instituto Caro y Cuervo. Se ha tomado como respaldo teórico las propuestas de M. Bajtín y en general de una teoría polifónica del discurso, y desde el punto de vista teórico de la literatura latinoamericana, nos hemos respaldado con los planteamientos de Mábel Moraña, especialmente, por el concepto de “escritura del límite”. La investigación ha originado varias tesis de Maestría, y diversos artículos sobre el tema.
|