Esta comunicación se enfoca en la descripción del uso de sonidos glotalizados y aspirados en el castellano debido a la influencia de la lengua Quechua. A diferencia de la gran mayoría de los estudios sobre la influencia fonológica del Quechua en el castellano, los cuales se enfocan en las vocales (Delforge 2012; O'Rourke 2010), éste proyecto considera los efectos consonánticos (ver tb. Cassano 1974). Quechua tiene una distinción fonémica tripartita en las oclusivas sordas entre glotalizado, aspirado, y sonidos no marcados (e.g. k’, kh, k; Cusihuaman 1976; Gallagher 2013). El castellano replica estos sonidos de manera no totalmente fonémica (Babel 2010). Es decir, mientras se puede distinguir entre pares mínimos en algunas situaciones (khara ‘piel’ vs. cara ‘cara’; thapa ‘nido’ vs. tapa ‘tapa’), se pierde—aparentemente—la distinción fonémica entre el aspirado y el glotalizado, los cuales se convierten en una expresión de énfasis o de emoción. A la misma vez, el castellano permite el uso de aspiración y glotalización en palabras castellanas para la función de énfasis o emoción, incluso en ambientes fonológicos donde no lo permite el quechua (e.g. sssshegurito ‘seguro, enfático’). Así, a pesar de que la gran mayoría de los usos de sonidos glotalizados y aspirados ocurren en palabras prestadas del Quechua, se encuentra también la extensión de esta función emotiva incluso en palabras nativas castellanas. Se sugiere que la persistencia de estos sonidos en el castellano se debe a su prominencia acústica (Irvine & Gal 2000). Estos datos nos llevan a interrogar el concepto del fonema en la fonología y a considerar el papel de gradación (gradience), es decir, de la existencia de un continuo entre sonidos fonémicos y no fonémicos en una lengua (Chitoran & Cohn 2009).
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